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La psicología del regalo

La palabra regalo es una caja donde caben muchos significados. Se puede obsequiar desde dinero hasta tiempo o atención y, por supuesto, objetos. Cada regalo está cargado de comunicación que se conecta con un aspecto esencial de las relaciones humanas: dar y recibir afecto.

Prácticamente cualquier cosa puede ser un regalo: desde un dibujo garabateado por un hijo en el jardín por el Día de las Madres hasta un auto último modelo. De hecho hay fechas del año que por diversas razones giran alrededor de los regalos como el Día del Amigo, Navidad, Reyes Magos, Día del Padre o el día del amor y la amistad.

Los especialistas aseguran que al momento de dar un obsequio se ponen en juego tres elementos: conocer a quien le vamos a regalar, tener idea de lo que le gusta y una intención específica. Esos tres factores pueden hacerlo muy fácil o complicado.

Los profesionales de la salud mental refieren que el hecho de regalar fortalece los lazos de interacción humana. Mediante el regalo, se alienta a los demás a socializar, ya que es un claro indicativo de que se piensa en la otra persona, sus gustos e intereses.

La ciencia explica que cuando damos o recibimos un regalo, en nuestro cerebro se activan sustancias asociadas con el bienestar como la oxitocina, la dopamina, la serotonina y las endorfinas. Por ejemplo, la oxitocina es conocida como la ‘hormona de cognición social’, clave para la construcción de confianza y el desarrollo de relaciones emocionales.

La mayoría de los psicólogos coinciden en que un regalo es, sobre todo, un gesto. Siempre se espera que el otro quede satisfecho y que haya un reconocimiento o agradecimiento. No obstante, una pregunta recurrente es cuáles son las claves para un buen regalo y aunque la respuesta puede depender del tipo de relación o la intención, hay algunos aspectos generales que se pueden tener en cuenta.

Conocer los intereses y gustos de la otra persona es vital en ese sentido. Algunas veces puede ser muy obvio y otras es cuestión de descubrirlo prestando atención en las conversaciones. Otra idea que suele surgir con frecuencia es que el regalo sea algo original, que no necesariamente puede ser un objeto, sino más bien una experiencia: un viaje, un salto en paracaídas u otras más sencillas, pero significativas.

Lo cierto es que se espera que un regalo sea adecuado, es decir, apropiado para quien lo recibe y para la ocasión. Es distinto, por ejemplo un cumple de 15 para una chica que para un chico. También se toma en cuenta que sea sorpresa para quien lo recibe y que le sea útil o que le satisfaga.

Finalmente, podemos considerar que detrás de un regalo hay un esfuerzo. Un aspecto que se puede medir en términos de dinero, tiempo y/o creatividad. Tiene una carga emotiva muy diferente dar o recibir algo que sabemos que requirió meses de ahorro u horas de trabajo, así como actos de generosidad o desprendimiento.

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